ADALID AGUILAR ARELLANES

En el siglo pasado, un gran número de docentes practicaban la militancia pedagógica. Simplificando un poco, ser docente significaba tener un cierto proyecto de transformación social o personal. El discurso de la escuela activa, basado en gran parte en una ideología de izquierda liberadora, sostenía, por ejemplo, que la escuela y la formación podían y debían compensar las desigualdades y posibilitar la movilidad social. El discurso de la escuela comunitaria, sostenida en una ideología de raíz cristiana, prometía la educación de un hombre nuevo, y la regeneración, mediante su compromiso personal y ético, de la antigua escuela.

Estos planteamientos han caído en desuso o son vistos con recelo y los grandes discursos pedagógicos ya no forman parte de los valores y creencias dominantes entre el profesorado. Freinet afirmaba que la docencia es un sacerdocio y es vista hoy como un anacronismo o como un vestigio de un compromiso que nadie se atrevería a exigir a un docente.

Se cree que el gran discurso pedagógico actual del que son partícipes los profesores es el de la profesionalización. En los últimos veinte años se ha ido extendiendo el nuevo credo: el profesor ya no es un "sacerdote" sino un "profesional". Competencias docentes, práctica reflexiva, exigencia de estatus social, demanda de autoridad y reconocimiento económico son expresiones frecuentes en los ámbitos docentes. El nuevo profesor, pues, desea ser visto en el imaginario social a la par de un abogado, un médico o un arquitecto.

Sin embargo, en medida que el docente exige estas atribuciones a su que hacer de igual manera aumentaran sus compromisos y responsabilidades; ya que, la profesionalización compromete al docente a ser partícipe de la sociedad, tratando de ser y formar agentes de cambio, que fijen un nuevo rumbo en las acciones de la sociedad.

"Concibo a la educación como un fenómeno complejo, esencialmente humano; en permanente cambio determinado por un conjunto de variables y en el cual intervienen diversos actores. La educación es una obra de arte y el docente es un actor que produce" (Amorin, 2009).

Cuando se habla de práctica docente, por lo general nuestro referente cercano es el alumno; y el cumulo de información que este deberá adquirir siendo  científicamente válidos, socialmente aceptados, técnicamente adecuados, éticamente deseables desde su comunidad cultural.

Estos conocimientos se manifiestan en términos de competencias a desarrollar a lo largo de su vida y lo perfilan como persona.

Con el paso del tiempo se ha aprendido que en la práctica docente intervienen tres actores principales: el docente, el alumno y el conocimiento. Es por eso que también importa el conocimiento que el docente tiene de sí mismo; su aptitud, grado de profesionalización y calidad de persona. Cualidades que se traducen en los distintos ámbitos de saberes: el conocimiento de la disciplina, de la teoría de la educación, de las formas de planificar la enseñanza, las estrategias de gestión de la clase, el conocimiento de sus alumnos, la institución y el medio en que se encuentra.

Con las atribuciones que se mencionan del docente nos acercamos a la llamada profesionalización que es el tema que nos compete, para hacer alusión a dicho término se menciona lo siguiente:

"El concepto «profesionalización», implica tanto la mejora del status del cuerpo (colectivo) cuanto la mejora de la práctica profesional individualmente considerada. Se sustenta en el supuesto de que existe un cuerpo específico de conocimiento sistemático en el que se fundamenta la práctica o el ejercicio de la profesión. Y, por tanto, se relaciona con el grado de conocimientos que poseen los profesionales. Entendida así, la profesionalización es una categoría descriptiva en base a criterios de conocimientos y habilidades o destrezas." (Martin Molero, Francisca).

La profesionalización docente se cuestiona, hoy, desde dentro y desde fuera del ámbito educativo debido, entre otras causas, A los cambios sociales que se suceden a un ritmo vertiginoso y la educación al no avanzar a dicho compás, queda anacrónica, inservible a las necesidades sociales. A los cambios tecnológicos que gozan de un desarrollo sin precedentes. A los cambios ecológicos que han llevado a la conciencia del hombre contemporáneo el mal presagio de que su propia vida corre riesgo si no controla el actual grado de deterioro que sufre el medio. A los cambios axiológicos que vienen a cuestionar los valores echándolos por tierra sin que a la educación le dé tiempo a reaccionar proporcionando valores alternativos. Y, en fin, a los cambios políticos que escapaban a la imaginación, tan sólo hace una década; y, que parecen indicar la consolidación de un sistema democrático y de libre economía de mercado, el cual continúa sin resolver sus limitaciones o enfermedades.

Como se menciona, la profesionalización es muy cuestionada, ya que hasta hoy la educación no ha sido la puerta a la solución del desorden social vivido en el mundo, durante décadas se ha hablado de profesionalización del docente y hoy no es la excepción.

Si bien sabemos existe una deficiente práctica docente, escasa de valores, de información útil para la vida diaria del alumno, falta de compromiso tanto del docente como del alumno; pero, por qué sucede esto, si se ha venido implementando cursos de actualización para los docentes, incentivos que promueven el interés docente, entre otros factores que suponen la mejora en la calidad educativa.

Así pues es conveniente que para poder promover la profesionalización es prudente que  los propios docentes sientan la necesidad de responder a los cambios, y necesidades de la sociedad actual, para lo cual han de ser estimulados con medidas eficaces.  En consecuencia, el punto de partida debe arrancar de una evaluación científica del conocimiento pero en relación con la acción. Es decir, partiendo del punto de vista de la profesionalización, pero tomando en consideración el punto de vista crítico  con vistas a depurar el saber teórico que no tenga que ver con el saber hacer.

Naturalmente todo tiene su precio y semejante horizonte supone nuevas y fuertes contradicciones entre la realidad y el deseo. Se piensa que la mayoría de los profesores no acreditan las competencias que semejante posición nos exigiría (profesionalización). Pero todavía  parece más preocupante la incompatibilidad de semejante ideario con la situación actual del profesorado: su condición de funcionario, su marco de actuación la escuela actual no es en absoluto una "institución" adecuada para el desarrollo profesional y también su formación pedagógica, francamente deficiente.

Sin duda la profesionalización docente puede aportar muchos avances significativos a la educación, pero debemos procurar no convertirla en un nuevo mito educativo que nos aleje de las condiciones reales del ejercicio de la profesión.

El escenario en que se desarrolla el trabajo de los docentes en este siglo XXI se caracteriza por un continuo proceso de cambio que compromete las previsión del futuro: cambios en el conocimiento y la información, los sistemas de producción, el mercado de trabajo, el consumo, la regulación de las relaciones sociales y políticas.

La especialización es un tema que se ha tocado durante décadas, debemos aprovechar su carácter histórico y aprender de esto para que en el presente y en el futuro se puedan evitar y corregir los problemas que la práctica docente conlleva.

 

BIBLIOGRAFIA

 Álvaro Marín Marín, La Universidad mexicana en el umbral del siglo XXI., México, ANUIES 1998.

Álvaro Marín Marín, Profesionalización Docente y Globalización., Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Ajusco.

Tenti Fanfani, Emilio 1995 Una carrera con obstáculos: la profesionalización docente. Revista del Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Educación (IICE-UBA), Año IV, Nº 7:17-25. Miño y Dávila. Buenos Aires.

Tenti Fanfani, Emilio Algunas Dimensiones de la Profesionalización de los Docentes., Revista del Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Educación. Buenos Aires.